Cuando el Padre Humberto aceptó la
dirección espiritual de Alejandrina, Jesús le habló a la enferma: “Dile a tu
Director Espiritual que lo traje aquí para defender mi causa. Que luche con
valor y con toda firmeza junto con mis amigos, junto con aquellos que ya luchan
por mí” (2-12-1944), aquellos que ya luchaban eran algunos Padres de la Compañía
de Jesús, junto con el Padre Mariano Pinho, a quien les habían prohibido
interesarse del caso Balasar.
Fue el P. Humberto quien mandó a
Alejandrina que dictase sus Diarios y a su
muerte fue su primer biógrafo, en
1965, por invitación del arzobispo de Braga, ordenó el proceso de beatificación,
ya que era profundo conocedor de su hija espiritual y un incansable estudioso de
todos los documentos referentes a Alejandrina.
Después de la revelación del Corazón de
María, en junio de 1917, la Santísima Virgen volvió a pedirle en 1925 a la
Hermana Lucía la práctica de los primeros sábados y en aquel mismo año, en
Balasar, quedaba atada a su lecho, por mielitis en la columna dorsal,
Alejandrina María da Costa, cooperadora salesiana, durante 30 años sufriría un
doloroso martirio, voló al cielo el 13 de octubre de 1955, aniversario de la
última aparición de Fátima.
Su vida se inserta en los sucesos de Cova
da Iria. Alejandrina le escribe a su primer Director espiritual, exiliado en
Brasil: “El Cardenal Cerejeira me envió palabras de consuelo, diciéndome que al
inaugurar la Basílica de Fátima pensó en Balasar y me colocó sobre la patena,
ofreciéndome como víctima por los pecadores junto con Jesús, para mi bien y de
toda la Iglesia”.
Tiempo después, el cardenal le escribía lo
mismo al P. Humberto, agradeciéndole el opúsculo “Fátima y Balasar, binomio
celeste”: “Gracias por el opúsculo, lo leí y no me canso en la contemplación de
este misterio que asocia confirma los dos centros de la presencia divina, le
tocó a usted la parte preponderante en su difusión, el cielo lo ayudará”
(12.10.1975)
Alrededor de 1930, Alejandrina, por
intermedio de la Virgen María, de quien era extremadamente devota, se ofreció
como víctima por los Tabernáculos abandonados y por la salvación de los
pecadores.
Después de la Comunión, el 30 de julio de
1935, Jesús le dice: “Por el amor que tienes a mi bendita Madre, comunica a tu
Director que así como pedí a Margarita María la devoción a mi Corazón divino,
así ahora te pido a ti que se consagre el mundo entero al Inmaculado Corazón de
María”. A partir de aquel día, Alejandrina se ofreció como víctima.
En septiembre de 1936, el P. Mariano
decide presentarle al Cardenal Pacelli el pedido para obtener de la Santa Sede
esta gracia para el mundo amenazado por las guerras. Se había resuelto a eso,
porque, entre otras cosas; Jesús le había comunicado: “Te revelo como se dará la
consagración del mundo a la Madre de los hombres y mi Madre. Primero, será hecha
por el Santo Padre en Roma y después por los sacerdotes en todas las iglesias.
Será invocada como Reina del cielo y de la tierra, como Señora de la Victoria.
Si el mundo se convierte, ella reinará y por su intermedio se alcanzará la
victoria”.
En mayo de 1937 y también en 1939, la
Santa Sede, por el pedido de la consagración del mundo, mandó examinar a la
enferma de Balasar. Sobre este caso, el 5 de mayo de 1938, el P. Mariano al
predicar en Fátima, los ejercicios al Episcopado portugués, recibió una carta de
Alejandrina: “Jesús me dice: “Te doy los tesoros de mi Corazón.
Transborda de amor, trasmítelo”.
Alejandrina le preguntó: “¿Puedo darle esos tesoros a mi padre espiritual para
que él los distribuya a quien él quiera?” y continuaba. “Hoy mi corazón es un
horno” todo lo demás me parece muerto, paciencia, son caricias de Jesús. Lo
ofrezco todo por el buen éxito de los ejercicios de los obispos, no sé como,
pero lo ayudo con los sufrimientos del cuerpo y del alma, que son muchos”.
Al finalizar los ejercicios, bajo la
propuesta del P. Mariano, los obispos portugueses se dirigieron al Santo Padre:
“Humildemente postrados a los pies de Vuestra Santidad, pedimos insistentemente,
cuando lo considere oportuno, que el Orbe entero sea consagrado al Corazón
purísimo de María, a fin de que, por la mediación de la Madre de Dios, sea
protegido de muchos peligros que lo amenazan.
El texto fue dictado en latín, por el
mismo P. Mariano, solamente una frase fue atenuada por el siervo de Dios, Mons.
Manuel Mendes, arzobispo de Évora y gran cooperador salesiano.
En septiembre de ese año, el Señor le
decía a Alejandrina: “Como señal de que es mi voluntad que se consagre el mundo
al Corazón Inmaculado de mi Madre, te haré sufrir mi pasión”. Este fenómeno
comenzó el 3 de octubre, y más tarde le dirá: “Sufrirás esto hasta que el Papa
consagre el mundo a María”.
A fines de 1938, el Santo Oficio le
encargó al canónigo Manuel Pereira Vilar, del
Seminario portugués en Roma, que
examinara a la enferma. La insistencia de Alejandrina por la Consagración se
explica por la insistencia de Jesús.
La noche del 24 para el 25 de abril de
1938, en un éxtasis, el Señor le dice: “Quiero la Consagración del mundo a mi
Madre Inmaculada, pero quiero que todo el mundo sepa la razón de esa
Consagración: es para que se haga penitencia y oración. Por eso te hago sufrir
así, y aún tendrás que sufrir mucho hasta que Él (el Papa) lo consagre”.
En el mismo éxtasis, Jesús le presenta la
escena espantosa de una guerra que está por desencadenarse en muchas naciones.
Alejandrina cuenta: “Vi una destrucción muy grande, casas que caían y en poco
tiempo parecían sumergidas en un mar de humo, el Señor me dice: “Esto que ves es
un castigo preparado para el mundo”. Y entonces le pregunté” “¿Y si el mundo
fuera consagrado a la Madre del cielo, no lo castigarás?”
El Señor respondió: “Sólo por ella puede
ser salvado, y sólo si el mundo hiciera penitencia y se convierte. Ella es la
Reina del Cielo y de la Tierra”.
Ya en 1937, Jesús le anunciaba: “No quiero
ir a buscarte antes que se haga la Consagración del mundo a mi Madre Santísima.
Es por medio de ti que ella será glorificada, y entonces también tu gloria será
mayor, tu corona será más bella, más brillante, más esplendorosa, serás coronada
por Ella”. A estas palabras, Alejandrina replicó: “Jesús mío, el Santo Padre
parece no escucharnos, tarda tanto. Y el Señor: “Hija mía, tranquilízate,
cálmate, Él escucha, llegará el día de la glorificación”.
Al año siguiente, 1938, Jesús le confía:
“Quiero que después de tu muerte, tu vida sea conocida y así será, haré de
manera de que así sea. Llegará hasta los últimos confines de la tierra, así como
llegará la voz del Papa, cuando consagre el mundo a mi querida Madre, quiero que
todo se sepa, para que todos vean como hablo a las almas que me quieren amar”.
Ese mismo 1938, le insiste Jesús: “Hija
mía, vengo a hablarte para mostrarte la locura de amor que mi Madre Inmaculada y
Yo tenemos por ti. Ella ve la honra que le será tributada por tu intercesión y
se inclina tan dulcemente sobre ti porque te quiere elevar a la soberana altura
de esposa fiel, de esposa amada de Jesús. Confía, Jesús no te engaña: Él es y
será siempre tu fuerza”.
Alejandrina hacía lo imposible para que el
mundo fuera consagrado a Nuestra Señora, pero Roma, después de los exámenes de
control, se encerró en un silencio persistente. El 10 de febrero de 1939, moría
Pío XI y el 2 de marzo, era electo Pío XII.
El 20 de marzo de 1939, durante un
éxtasis, Jesús le vuelve a pedir que insista junto al Santo Padre para el
cumplimiento de sus deseos: después le revela a Alejandrina: “Será este el Papa
que hará la Consagración”. El mismo año Jesús le repite: “El Corazón de mi Madre
bendita está muy herido por las blasfemias que se profieren contra Ella, todo
aquello que hiere su Corazón, hiere también el mío, porque nuestros Corazones
están unidos. Es por eso que la consagración del mundo le dará mucha honra y
gloria”.
Entretanto, en el horizonte político
internacional se va oscureciendo y se adivina, amenazadora, la guerra mundial.
El canónigo Vilar, por medio de personas influyentes, hace llegar al Santo Padre
algunas informaciones sobre Alejandrina y su insistente pedido para la
consagración del mundo.
En 14 de febrero le escribe desde Roma:
“Escribí a máquina lo que me envió y entregué todo, por nuestra parte, hacemos
cuando podemos para que se cumplan los designios del Señor”. Y más tarde le
comunica: A principios de junio le hablaron al Santo Padre de la consagración
del mundo a Nuestra Señora, pero la hora es tan incierta y tan difícil que sólo
Dios sabe que pasará”.
Poco después, Monseñor Vilar enferma y
tiene que regresar a su patria, muriendo de cáncer. Había ofrecido sus
sufrimientos y su vida por los sacerdotes y para obtener la gracia de la
consagración de toda la humanidad a la Virgen Nuestra Señora.
A fines de marzo de 1942, Alejandrina ya
no sufría la Pasión, esta fue la señal que Jesús dará para que se acredite que
deseaba la Consagración del mundo al Corazón Inmaculado, puede documentarlo en
1938, durante la primera Pasión y el canónigo Vilar, encargado por el Santo
Oficio, el 13 de enero de 1939: “¿Quieren la prueba?” –preguntó Jesús, durante
el éxtasis presenciado por el canónigo- aquí está, y es bien clara”. Era el
fenómeno de la Pasión.
En mayo de 1942, Jesús le anuncia a
Alejandrina en tono de alegría: “¡Gloria a María! Le será consagrado el mundo,
Él pertenece a Jesús y pertenece enteramente a la Madre de Jesús”.
El 31 de octubre, Pío XII haría el acto de
la consagración del mundo, en lengua portuguesa y el 8 de diciembre, lo repitió
en lengua italiana. En la fórmula de la consagración, el Pontífice usaría los
títulos ya revelados a Alejandrina: “Reina del mundo, Reina de la Paz, Señora de
la Victoria y Vencedora de las grandes batallas, Madre del Universo”.
Al final de la guerra, cuando Pío XII
envía al cardenal Masella, como su Legado, a coronar a la Señora de Fátima, le
dice a él y a su séquito: “Vayan y proclamen que coronan a la Reina del
Universo”.
Otros casos particulares recuerdan el
nombre de Alejandrina: “Jesús le había anunciado, en un período en que ya
parecía moribunda: “Tu calvario terminará, pero antes se deben cumplir las
profecías de Jesús” y le explica: “Así como ordené que encerrasen todo en el
arca de Noé, así quiero encerrar el mundo entero en la arca santísima del
Corazón Inmaculado”.
Los documentos de la Sagrada Congregación
para la Canonización de los Santos corrigen algunos errores históricos y
deshacen las dudas sobre el origen del acto de la Consagración del mundo a la
Virgen María. En el perfil biográfico oficial de Alejandrina, la Sagrada
Congregación dice expresamente: “En 1936, por orden de Jesús, Alejandrina le
pidió al Santo Padre por medio del P. Mariano, la Consagración del mundo al
Corazón Inmaculado de María.
Esta súplica fue muchas veces renovada
hasta 1941, por lo que la Santa Sede interrogó tres veces al Arzobispo de Braga
sobre Alejandrina: y por fin la Consagración fue hecha por Pío XII en Roma (vía
la Radio, en lengua portuguesa) el 31 de octubre de 1942”.
El 31 de julio de 1917, la Virgen María
había dicho en Fátima: “Volveré, para pedir
la consagración de Rusia a mi
Corazón Inmaculado”. Y regresó la
noche de 13 y 14 de junio de 1929, diciendo a
la protagonista de Fátima: “Llegó el momento en que Dios pide que el Santo
Padre, con todos los obispos del mundo, consagre Rusia a mi Corazón Inmaculado.
Quiere salvarla por este medio: pero el pedido, hecho por intermedio del obispo,
no fue aceptado.
La Hermana Lucía, a través de una carta
que le impuso el confesor, obispo de Gurza, el 2 de diciembre de 1940, volvió a
presentar el pedido: “Pido humildemente la consagración del mundo con mención
particular de Rusia para abreviar los días de la tribulación y de los
sufrimientos de Vuestra Santidad”.
Informado por el obispo de Gurza de la
carta de la Hermana Lucía, el P. Mariano Pinho le habla de esto a Alejandrina,
concluyendo: “Ciertamente será atribuida la consagración a la vidente de
Fátima”. Y Alejandrina, con toda sencillez, comentó: “Estoy contenta, así no se
dirá mi nombre”.
La previsión del P. Pinho era de fácil
conjetura una vez que, en 1941, en nombre de Alejandrina, le dirigía al Santo
Padre el último pedido de la consagración, en memoria de su 25º. Año de
episcopado, que coincidía con el mismo aniversario de las apariciones en Fátima,
entonces los obispos portugueses hacían su segunda petición que encerraba con la
mayor solemnidad los festejos de las apariciones.
De aquí, el error de los escritores y
predicadores ignorando cuando estaba en la decisión del Sumo Pontífice. El mismo
Pío XII le expresó al P. Roschini, el 8 de noviembre de 1942: “Me habían rogado
de varias partes que efectuara el acto de consagración de la Iglesia y del
género humano al Corazón Inmaculado de María, últimamente, había sido solicitado
por los obispos portugueses, y se me presentó la ocasión en las fiestas de
Fátima y lo hice y creo que hizo mucho bien”.
Fátima, por tanto, es la “ocasión” y no el
“origen” de la consagración. Pío XII dice: “era el ruego de varias partes el que
efectuara el acto de la consagración”. El P. Pinho, como primer director de
Alejandrina, en su libro “En el Calvario de Balasar”, escribe: “Como Director
nacional de las Congregaciones Marianas, me dirigí en nombre de las mismas al
Primado de España, de Colombia y de Inglaterra, solicitándoles que le hicieran
el mismo pedido al Papa, pedido que ya había solicitado y obtenido del
episcopado portugués en 1938, depuse de haberles expuesto los hechos de
Alejandrina.
En plena guerra, el 31 de julio de 1941,
escribí directamente a Pío XII, narrando los sucesos de Balasar, por medio de la
Vicaría General de la Congregación de San José de Cluny, conseguí que muchas
congregaciones religiosas de Portugal y congregaciones extranjeras hicieran
llegar al Santo Padre el mismo pedido de la consagración del mundo, en recuerdo
de su 25º. Año de consagración episcopal, coincidía exactamente con el mismo
aniversario de las apariciones de Fátima”.
El P. Humberto quiso esclarecer el hecho,
yendo hasta las fuentes. El 5 de agosto de 1978, en el Carmelo de Coimbra, tuvo
un largo coloquio con la vidente de Fátima.
― Hermana, deseaba
hacerle una pregunta, que me gustaría que pudiera responder, para ilustrar la
historia de un hecho que no se presenta muy claro para algunos.
― ¿Nuestra Señor le
habló alguna vez de la Consagración del mundo a su Corazón Inmaculado?
― “No, Padre
Humberto, nunca. En 1917, en la Cova de Iria, nos había prometido, “regresaré
para pedir la consagración de Rusia”, con los datos particulares ya conocidos,
esto es, para evitar la difusión de sus errores en el mundo, las guerras entre
muchas naciones, las persecuciones a la Iglesia. En Tuy, en 1929, nuestra Señora
regresó para decirme que era la hora de pedirle al Santo Padre la consagración
de aquella Nación. Y en 1942, su Santidad Pío XII cuando consagró el mundo, en
un inciso de la oración que Él hizo, se puede leer que atendió el pedido de
Nuestra Señora”.
Aquí termina el testimonio de la Hermana
Lucía.
El inciso de Pío XII dice: Extiende tu
protección a los pueblos separados por el error y por la discordia, sobre todo
aquellos que te profesan particular devoción, donde no había casa que no tuviera
expuesta Tu venerada imagen, hoy tal vez escondida esperando días mejores.
Concédeles la paz y condúcelos al único redil de Cristo, bajo del único y
verdadero Pastor”.
Que la misión de la vidente de Fátima era
principalmente dirigida a Rusia, se puede deducir de muchos documentos. También
es bastante significativa el exhorto de la carta dirigida a su madre, de fecha
del 11 de junio de 1930. le escribe por ocasión de una dolorosa prueba en la
familia: “Madre querida, te comprendo y acompaño en todos tus sufrimientos,
físicos y morales. El sacrificio de poder abrazar a todos tus hijos te hace
sufrir más que los males físicos. Pero Aquel que lo puede pedir, nos pide este
sacrificio, y Él antes que nosotros y por nuestro amor, se separó de su Madre
Santísima y de manera muy dolorosa, con su muerte en la cruz. Delante de este
Modelo, abracemos con amor nuestra cruz, procurando ayudarlo a salvar al mundo,
y ahora, de modo especial, ofrezcamos nuestros sufrimientos por la conversión de
Rusia”.
Estos son los hechos y sobre ellos se basa
la historia.
Es admirable la emulación de las almas
santas, mientras estaba escribiendo este capítulo, la vidente de Fátima me
escribió: “Dios quiera que la causa de la beatificación de Alejandrina avance
cada vez más para la gloria de Dios. Es tan necesario que el mundo materialista
vea como existen almas que saben elevarse hasta la esfera de lo sobrenatural”.
Desde el 27 de marzo de 1942 hasta su
muerte en 1955, Alejandrina vivió en completo ayuno. Su único alimento fue la
Comunión eucarística. Jesús le explicó: “Te quité la alimentación, te hago vivir
solamente de mí para probar claramente a los hombres mi poder y mi existencia”
(13-10-1953)
Y más tarde: “Vengo a pedirte aquello que,
mi bendita Madre fue a pedir en mi nombre a Fátima: penitencia, oración,
enmienda de vida. Dame tu dolor, lo exigen los pecados de lujuria, las
iniquidades de los cónyuges y de las almas piadosas consagradas a Mí. Lo exigen
los pecados de vanidad y derroche. Esto clama al Cielo, pues aquello que se
desperdicia en vanidad y en gula le quitaría el hambre a muchos pobrecitos y
vestiría mucha desnudez” (5-5-1954)
Pocos meses después (29-10-1954), Jesús le
dice: “A semejanza de santa Margarita María, quiero que tu enciendas en el mundo
el amor por Mí, muy apagado en el corazón de los hombres. ¡Enciéndelo,
enciéndelo! Quiero ser amado. Quiero dar mi amor, quiero que por ti, este amor
se encienda en toda la humanidad, así como por medio de ti fue consagrado el
mundo a mi bendita Madre, sólo por medio del dolor las almas quedarán presas en
las fibras de tu alma y después se dejarán incendiar en mi amor, asegura en tus
manos la Cruz, apriétala fuertemente en tu corazón. La humanidad quedará
envuelta por el Rosario, habla a las almas del Rosario, de la Eucaristía, esa es
la salvación del mundo.