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CAPÍTULO VI

“Quiero la Consagración del mundo
a mi Madre Inmaculada”

Aurora de la devoción mundial al Inmaculado Corazón de María

En la posguerra, se constató un intenso despertar religioso, un “gran retorno” a Dios, por medio de la llamada “Peregrinación Mariana”. La Peregrinación tenía la finalidad de consagrar el mundo entero al Corazón Inmaculado de María y se proponía la conversión de los hombres por medio de la oración y de una vida más fervorosa.

Cuando se habla del Inmaculado Corazón de María, nuestro pensamiento llega a Fátima, fue en Fátima donde la Virgen María mostró su Corazón a los pastorcitos, en junio de 1917, el 13 de julio siguiente Nuestra Señora habló así a los videntes: -“Acaban de ver el infierno, donde van los pobres pecadores, para salvarlos, Dios quiere establecer en el mundo la devoción a mi Corazón Inmaculado. Si hicieran lo que les digo, se salvarán muchas almas y habrá paz.

La guerra 1915-1918, está por terminar, pero si los hombres no dejan de ofender a Dios, dentro de poco tiempo, en el próximo pontificado (de Pío XI) comenzará una guerra peor.

Para impedir estos castigos, pido la consagración de Rusia a mi Corazón Inmaculado y la Comunión reparadora los primeros sábados del mes. Si atienden mis pedidos, Rusia se convertirá y habrá paz.

De otra forma, una propaganda impía recorrerá el mundo con sus errores, levantando guerras y persecuciones contra la Iglesia, muchas personas buenas serán martirizadas, varias naciones serán aniquiladas, el Santo Padre sufrirá mucho, pero finalmente mi Corazón Inmaculado triunfará”.

Después, la Virgen María les había recomendado: “No digan nada de esto a nadie”.

El pedido de Nuestra Señora a Lucía

La Virgen le dice que regresará para pedir la Consagración de Rusia.

¿Realmente vino la Santísima Virgen?- le preguntaron en una entrevista. Y la vidente de Fátima respondió:

Sí vino.

¿Cuándo?

En diciembre de 1925, Nuestra Señora se me apareció con el Niño Jesús.

¿Dónde?

En Pontevedra, en mi cuarto.

¿Y que le dice Nuestra Señora?

Me dice: “Mira hija mía, mi Corazón rodeado de espinas, son los hombres que a todo instante me lo traspasan con sus blasfemias e ingratitudes”.

Alguien le hizo notar que Jesús había pedido, casi con las mismas palabras, la devoción a su Sagrado Corazón...

¿Y entonces tengo que enseñar a Nuestra Señora como se debe expresar? –replicó la Hermana Lucía.

¿La Santísima Virgen –insistió el interlocutor- le pidió propagar la devoción de los primeros sábados?

No, pero que lo publicase.

¿Usted le avisó al Obispo de Leiria que cumpliese el deseo de la Santísima Virgen sobre los primeros sábados?

Sí, y le he insistido.

¿Por qué le ha insistido? ¿Es que se le ha vuelto a aparecer la Virgen María?

No, pero yo sufría por no haber satisfecho el deseo de Nuestra Señora.

¿Usted habló con otra persona sobre los primeros sábados de mes?

Procuré propagar esta práctica a mi regreso, sin decir nada sobre la aparición de Nuestra Señora ni sobre el secreto.

¿La Santísima Virgen, en la aparición de 1925, le habló también de la consagración de Rusia a su Corazón Inmaculado?

No.

Entonces, ¿cuándo le pidió esta consagración?

En 1925.

¿Dónde se efectuó esta aparición?

En la capilla, en Tuy.

¿Qué le pidió la Santísima Virgen?

Pidió que por medio del Papa y en unión con todos los Obispos de la tierra, se hiciera la consagración de Rusia a su Corazón Inmaculado.

¿No habló de la consagración del mundo?

No.

¿Usted le platicó al Obispo de Leiria el deseo de la Santísima Virgen?

Sí.

¿Usted desde 1929, le pidió al Papa que consagrase el mundo o solamente Rusia?

Desde 1925 le pedí que los primeros sábados de cinco meses consecutivos, se propagara la comunión reparadora con la confesión, rezar el Rosario y un cuarto de hora de meditación. En 1929 le revelé al Padre Francisco Rodríguez el pedido de Nuestra Señora sobre la consagración de Rusia. Confié lo mismo a mis superioras. En 1940, en la carta que escribí por orden de mis directores espirituales al Santo Padre, expuse el texto exacto del pedido de Nuestra Señora y pedí la consagración del mundo con mención especial para Rusia. El deseo exacto de Nuestra Señora era que el Santo Padre hiciera la consagración de Rusia a su Corazón Inmaculado, ordenando que, al mismo tiempo y en unión con él, lo hicieran también todos los Obispos del mundo católico.

Hasta aquí el diálogo, del que se deduce:

La Virgen volvió a aparecer en 1925, como había prometido en aquel lejano 13 de julio de 1917.

-Mostró su Corazón rodeado de espinas, símbolo de las blasfemias y de las ingratitudes de los hombres.

Pidió que se propagara la devoción de los primeros sábados.

En 1929 Nuestra Señora volvió a aparecer y pidió la Consagración de Rusia a su Corazón Inmaculado.

Nuestra Señor no pidió a Lucía la consagración del mundo.

Lucía solamente hasta 1940 expuso el texto del pedido de la Virgen María, cuyo deseo era que el Papa hiciera la Consagración de Rusia, acrecentando, entonces, su deseo personal de la Consagración del Mundo.

Jesús, en Balasar, escoge la mensajera del Corazón de María

Nuestra Señora había dicho en Fátima: “Para salvar a los pecadores, Dios quiere establecer en el mundo la devoción a mi Corazón Inmaculado”.

18 años después, en Balasar, el Señor se revela a Alejandrina, víctima voluntaria y heroica por los pecadores del mundo entero, y le confía el mensaje de salvación: “Así como le pedí a Margarita María, que la humanidad fuera consagrada al Corazón Divino, así ahora te pido a ti que el mundo sea consagrado al Corazón Inmaculado de mi Madre Santísima”.

El resultado fue que la Santa Sede solicitó al Arzobispo de Braga la información sobre el caso de Balasar, después, en 1937, la Nunciatura de Lisboa ordenó que fuera examinado el problema de la enferma.

“El 31 de mayo de 1937 –escribe Alejandrina- recibí la visita del padre Antonio Durán, jesuita, que venía de parte de Roma a examinar el caso de la “Consagración del mundo al Corazón de María”.

Mi deseo era vivir escondida, sin que nada se supiera de lo que me sucedía, el reverendo Sacerdote le entregó a mi hermana una carta de mi Director para que me la leyera y al oír las palabras: “Aquí tiene al P. Durán, hable con él con toda libertad y conteste a sus preguntas”, quedé afligida y le pregunté a Deolinda que había querido decir, yo no sabía que fueran necesarios ese tipo de exámenes.

Mi hermana me animó con estas palabras: “Dile aquello que el Señor te inspire”.

El Sacerdote entró y me interrogó sobre las cosas de Jesús, quedé muy admirada, pues empecé a responder sus preguntas. Él me dijo que sólo deseaba saber las cosas principales porque, viendo mi estado de salud, no quería cansarme.

Respondí que no sabía bien que fuera lo principal, y sin más, él entró en el asunto de la Consagración del mundo al Inmaculado Corazón de María. Después de varias preguntas me dice: “¿No me está engañando? A estas palabras me puse a llorar, porque muchas veces me atormentaba con dudas respecto de lo que me sucedía. Su pregunta renovó la tempestad en mi corazón. El buen Sacerdote no mostró ninguna sorpresa, y contestó: “Estas cosas cuestan mucho y yo le respondí: Cuestan, sí, y me hacen sufrir. Después me pidió oraciones y me aseguró que me iba a recordar en el santo sacrificio de la Misa.

En seguida se arrodilló, rezó tres Avemarías y algunas jaculatorias, le saludó y se fue. Después de aquella visita lloré mucho y quedé triste, al ver que se volvía público aquello que por tanto tiempo había mantenido en secreto.

Le escribí a mi Director y le conté todo, él me respondió rápidamente para tranquilizarme, diciéndome que todo era para gloria de Dios.

   

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