5 de enero, viernes.
Siento necesidad de escribir y no quisiera decir nada de lo que
llevo en el alma. Lo hago por obediencia.
¡Qué tristes horas transcurren para mí, qué gran agonía se ha
apoderado de mi alma! Siento que tantas calles son bañadas con
mi sangre. Veo tanta revuelta e indignación. ¡Estoy tan
humillada! Mi cuerpo está como una completa llaga. La sangre de
la cabeza, a causa de las espinas, baña todo mi cuerpo. De
brazos abiertos yo me entrego a la cruz, me dejo crucificar.
Estoy en un clamor continuo:
Padre, Padre mío, ¿también tú me
abandonaste? Soy tu víctima, me doy a ti por las almas.

Oh Dios mío, si en mí estuviera, preferiría el infierno en vez
de este sufrimiento y del tiempo de mis diálogos contigo. Sí, mi
Jesús, si yo estuviera en el infierno, en vez de hablarte y
hablarme tú a mí, no temería engañarme ni engañar a nadie y no
sería tan perseguida por el mundo. ¡Perdóname, Jesús, perdona mi
desahogo! Es el horror que siento por el engaño, por la mentira;
es el temor que me tengo a mí misma, es el miedo a los viernes.
¡Ah! ¡Si ellos desaparecieran y desapareciera yo también en tu
amor infinito!...
Venga todo el sufrimiento, venga la cruz, venga la muerte, lo
abrazo todo; soy tu víctima, Jesús.
De estos sufrimientos pasé hacia una anegación de luz, paz y
dulzura. Jesús se tardó en hablarme, me dejó gozar por bastante
tiempo de aquello que era de Él. Después me habló:
— Hija mía, llena de gracia, pureza y amor; hija mía, rico
tesoro de aquello que es divino: estás llena de gracia, pureza e
amor, eres rica de lo que es divino, porque has guardado en ti
con sumo cuidado, esmero y amor, lo que del cielo te ha sido
dado. Correspondiste a la gracia, estás llena de gracia.
Hija mía, fuente divina, fuente de toda la humanidad: eres
fuente divina, porque en ti existe todo lo que es divino. Eres
fuente de la humanidad, porque a ti viene ella a beber y a
purificarse; eres agua pura, eres fuente de salvación.
Hija mía, himno de alabanza, de amor y reparación. ¡Si pudieras
ver la alabanza que he recibido, el vasallaje y los homenajes
angélicos que me han sido dados en el cielo por la reparación
que me diste, por las almas que salvaste con el dolor con que te
dejaste inmolar! Fue un año lleno de amor, fue un año lleno de
salvación.
Hija mía, flor angelical, mimo de la Trinidad divina, mimo de
María, mimo de toda la corte celestial: el dolor que sufriste ha
embellecido al cielo, está adornado con él, está escrito con
letras de oro y piedras preciosas.
Está escrita también la ingratitud y la maldad de los hombres
contra ti y contra mi divina causa. Te espera un año lleno de
amarguras y también lleno de alegrías, experimentadas solo por
ti como sol brillante que aparece para rápidamente esconderse
entre las nubes.
Nada temas, esta es tu vida. Es vida que da la vida, es dolor
que da amor. No te preocupes por nada de lo que hiciste, de lo
que sufriste, de lo que amaste. No sufriste, no diste, no amaste
por ti, todo me lo diste a mí. No podrás ver nada en el mundo,
todo pasó hacia la patria celestial; todo está en poder de tu
Rey, de tu Esposo. Todo lo verás, cuando tengas tu encuentro
eterno conmigo.
Súfrelo todo, acepta todo con alegría. Agita tus alas blancas,
tus alas de blancura como la paloma cansada vuela a lo lejos en
busca del alimento que da vida a sus pichones. Tú eres la vida
de las almas, la madre de los pecadores, la reina del mundo, la
reina del amor.
Hija mía, espejo cristalino donde toda la humanidad ha de verse
y a imitación tuya transformarse.
Anhelo, anhelo verte en mi Patria, para que todo el mundo
conozca y aprenda de tu vida, hija mía, escuela sagrada de las
ciencias divinas.
Ánimo, vida que das la vida, dolor que das amor. Recibe mi amor
divino para levantarte de tu desfallecimiento y para recibir la
vida de la cual vives.
Mi corazón recibió una infusión de amor, sentí las ansias que Él
tenía de verme en el cielo y sentí los homenajes que los ángeles
daban a Jesús al entonarle un prolongado himno de grande loor y
agradecimiento.
¡Oh, cuánto me costó separarme de Jesús para vivir aquí!
¡Qué diferencia entre el cielo y la tierra, entre el amor de
Jesús y el de las criaturas!
Tradución:
Alejandro Carbajal |